31/12/11

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El año de echar a perder mientras se aprende.

Soy de esas personas que el último día del año intenta recordar todo lo que vivió desde el primer día hasta el penúltimo.Se me vienen a la mente las alegrías, las tristezas, las esperas, los dolores, los errores, los aciertos, las mentiras, las decisiones difíciles, las sorpresas agradables, los desengaños, las angustias, así como las buenas y malas noticias.

Reí más de lo que lloré, llegaron personas positivas que quiero que sigan conmigo durante mucho tiempo e intenté y creo que logré sacar de mi vida a las personas que me hacían daño y no me aportaban nada bueno. Me di cuenta de quienes son mis verdaderos amigos y quienes sólo me buscan cuando necesitan favores, se sienten solos o necesitan un hombro para llorar.

Valoré el apoyo moral que me brindaron mis verdaderos amigos y mi familia cuando más lo necesité y sin juzgarme, cada llamada, mensaje o plática con la intención de ayudarme o animarme en los peores días sin que yo se los pidiera.

Afortunadamente pasaron cosas más agradables que desagradables y lo malo que pasó me ayudó a crecer y a mejorar en todos los aspectos. Tuve que tomar decisiones y afrontar problemas que nunca pensé, responsabilizarme de mis malas acciones, asumir las consecuencias y creo que aprendí a perdonar y a aceptar mis errores para aprender de ellos. Me di la oportunidad de experimentar y aprender, de dejarme llevar y perder el miedo a equivocarme, dejé de preocuparme tanto por lo que dirá la gente y a pensar más en mi y en mis necesidades. Alcancé metas, logré superar obstáculos y conseguír cosas que no tenía en cuenta por no sentirme capaz de lograrlas.


Tal vez no fue el año que esperaba tener, pero aprendí demasiado. Espero un mejor año en todos los aspectos.


(Un abrazo y un beso a todo el que llegue a leer este post y los mejores deseos. Feliz año y que la vida nos de lo que merecemos y más)